martes, 22 de mayo de 2012

Otro puente que se perdió. Alarza.

La construcción del embalse de Valdecañas, en el río Tajo entre los años 1956 y 1963, supuso la inundación de varios núcleos, entre otros, la localidad de Talavera la Vieja, cortó las comunicaciones existentes, seccionó vías pecuarias y anegó yacimientos arqueológicos. Entre los tesoros desaparecidos estaba el antiguo puente sobre el río Tajo en la CC-713, hoy EX-118, que unía Guadalupe con Navalmoral de la Mata, en el sitio denominada Molino de Alarza.

En la zona de Talavera la Vieja estaba situada la antigua ciudad romana de Augustóbriga, en la vía romana que discurría desde Emérita Augusta (Mérida). De la localidad se rescató una columnata romana del siglo II y se situó cerca del puente actual, a salvo de las aguas.


El plano topográfico de 1952, en el que se apreciaba la situación del puente y de la localidad anegada, era el que muestro a continuación.


En el vuelo americano de 1956 podemos ver la zona, con el puente a la izquierda y Talavera la Vieja.


En la actualidad la zona presenta el siguiente aspecto.


Si combinamos las dos fotos, nos podemos hacer una idea de qué es lo que ha quedado inundado.


En la que podemos ver la situación del antiguo puente Alarza y de la localidad de Talavera la Vieja, completamente inundados por las aguas.

El puente al que me voy a referir se construyó en el año 1929 y antes que él existía otro puente, denominado también de Alarza, que constaba de cinco arcos de medio punto de 20 metros de luz y muy estrecho, no apto para la circulación de vehículos.


Este puente fue destruido por una avenida en abril de 1927 que derribó las pilas centrales.

El puente que se perdió fue el siguiente:


Constaba de un arco central de 70 metros de luz y 17 de flecha, formado por dos bóvedas gemelas de hormigón armado, siendo el mayor construido en España en esas fechas (diciembre de 1929). Tenía además dos tramos laterales de hormigón armado de 20 m de luz.

El ancho total del tablero entre barandillas era de 6,05 m y de calzada de 4,50 m.

El proyecto y dirección de obras es del gran ingeniero de caminos, canales y puertos, D. César Villalba Granda, autor de otros puentes en Extremadura como el de Los Suspiros sobre el río Guadiana en Lobón y el jubilado puente de Villanueva de la Serena sobre el mismo río.

Se construyó mediante cimbra en el cauce, aprovechando el periodo de estiaje del río Tajo.


Un detalle del armado del arco podemos verlo a continuación.


El presupuesto de ejecución por contrata fue de 711.187,98 pts de la época.


Con la construcción del embalse de Valdecañas, fue necesario construir un puente nuevo, de más altura, que permitiera salvar el nuevo cauce inundado.


En la magnífica foto anterior, desde aguas arriba, podemos apreciar el viejo puente en primer plano y el nuevo al fondo.

En la siguiente foto, desde aguas abajo, se puede apreciar el nuevo puente y al fondo, empequeñecido el antiguo que finalmente quedaría bajo las aguas del embalse de Valdecañas.

(Foto: Demarcación de Carreteras del Estado en Extremadura. Cáceres)
En 1963 se empezó a llenar el embalse de Valdecañas y el puente comenzó a desaparecer.


(Foto: Demarcación de Carreteras del Estado en Extremadura)
(Foto: Demarcación de Carreteras del Estado en Extremadura)
En la siguiente foto puede verse el puente viejo próximo a desaparecer en las aguas.


Posiblemente una de sus últimas fotos, ya que el nivel de las aguas debe bajar mucho para que pueda emerger, como le sucede a otro puente ya visto en un post anterior, el de Ceclavín.

En la siguiente foto, composición de dos vuelos aéreos, el de 1956 y el de los años ochenta, podemos ver la situación relativa de ambos puentes.


¿Y el puente actual? Bueno, un magnífico puente que cumple su función, pero que no tiene el encanto del antiguo. Es obra del ingeniero Antonio Martínez Santonja al que dediqué un post en este blog.


Si deseas conocer más detalles sobre el antiguo puente de Alarza, puedes descargarte el artículo de la Revista de Obras Públicas de su proyectista y los pormenores de su construcción (PDF).

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martes, 1 de mayo de 2012

Las carreteras urbanas de Mérida

Como dice mi perfil, vivo en Mérida. Sin embargo no soy natural de esta ciudad aunque llevo viviendo desde 1994 en ella, pues como dice el refrán, al final uno no es de donde nace sino de donde pace.

Esto ha hecho que no sólo me haya interesado su historia, que es mucha, sino también sus infraestructuras. Y por aquello de la deformación profesional, también de los caminos y carreteras que han discurrido por la localidad a lo largo de la historia.

Mérida tiene la particularidad de su origen romano que la ha marcado en su devenir histórico. Su localización privilegiada en el pasado, presuntamente debido a la facilidad para vadear el río Guadiana, hizo que los romanos fijaran una importante base de operaciones en la conquista del noroeste ibérico.

El paso siguiente fue la construcción de un puente romano, edificado en varias fases hasta su actual fisonomía, fruto de las distintas consolidaciones en tiempos posteriores.

Este puente, junto con el desaparecido de Medellín, suponía un paso privilegiado del río Guadiana. Puente al que dedicaremos un post más elaborado pero que en modo alguno suponía un paso franco del río, pues antiguamente, cuando no estaba regulado por las presas modernas, sufría riadas que llegaban a inundarlo, como puede apreciarse en la siguiente fotografía.


Históricamente, las carreteras o caminos que han discurrido por Mérida han sido la carretera de Madrid, que con los años se convertiría en la N-V, y la carretera de Cáceres, que pasaría a formar parte de la N-630. Ambas tenían un punto en común, el paso del Guadiana por el puente romano.

Antes de 1863, los caminos seguían la siguiente disposición.


Un aspecto importante a aclarar es que los caminos antiguos están marcados sobre la trama actual de Mérida y puede verse que coinciden básicamente con calles actuales.

En verde, el camino de Cáceres, discurría por el puente del Albarregas, la calle Calvario, pasaba al lado del colegio Garcia Lorca, donde estaba el antiguo cementerio de la localidad, la calle Adriano y Morerías, para llegar al puente romano.

En rojo, el camino de Madrid, discurría por la avenida Juan Carlos I, pisando un poco el Circo Romano, calle Santa Lucía, la rambla y la calle Santa Eulalia, para llegar al puente una vez pasada la Plaza y la calle del Puente.

En este plano antiguo de Mérida, puede verse los caminos citados en el entramado urbano existente en la época.


Alrededor de 1863 se producen dos grandes cambios de trazado, quedando las carreteras de la siguiente manera.


La carretera de Cáceres (en verde) abandona su trazado por Calvario y Adriano, y pasa a trazarse por la calle Marquesa de Pinares.

La carretera de Madrid abandona, lógicamente por su estrechez, el trazado por el centro de la localidad, y pasa a discurrir por las actuales avenidas de Extremadura y, después de cruzarse con el nuevo trazado de la de Cáceres, por la calle de Almendralejo, retomando en su trazado el antiguo camino a Cáceres por la calle de Morerías, por la cual accede al puente romano.

Ya en los años cincuenta del siglo pasado se aborda el cambio definitivo de las mismas. El nuevo tráfico y las limitaciones de los trazados urbanos de las carreteras citadas hace necesario que se aborden grandes variantes de trazado para sacar el tráfico interurbano de la ciudad.

Por una parte, se realiza una gran variante de la N-V, la actual avenida Reina Sofía, con un nuevo puente sobre el río Guadiana, el puente de Carlos Fernández Casado o Puente Nuevo, y, por otra, se desvía la N-630 por el norte hacia el este encontrándose con la carretera de Madrid en el lugar donde estaría situado posteriormente lo que los emeritenses conocían como el scalextric, enlace a diferente nivel con prioridad a la N-V.

El nuevo mapa de las carreteras quedaría como se ve en la siguiente foto aérea.


En verde, el desvío de la N-630. 

En rojo, el desvío de la N-V. 

En azul, el trazado abandonado de la N-630, que se convertiría en la BA-802, posteriormente transferida a la Junta de Extremadura en 1984.

En violeta, el trazado abandonado, que discurría por el puente romano, de la carretera de Madrid. Se convirtió, al dividirlo en dos tramos, en las BA-800 y BA-801, también transferidas a la Junta en 1984.

En el post anterior "Mérida, año 1984", se pueden ver dos vídeos de los trazados de las carreteras BA-801 y BA-802.

Después, con la construcción de las autovías A-5 y A-66, el tráfico interurbano abandonó definitivamente la ciudad de Mérida y su ayuntamiento fue asumiendo estas carreteras que se fueron convirtiendo, con su expansión, en unas calles más de la localidad.

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