sábado, 21 de noviembre de 2015

Recorriendo la antigua carretera de Extremadura

El pasado 24 de octubre de 2015 se celebró el "VI Encuentro de blogueros de Extremadura", en la Fundación Xavier de Salas en Trujillo.

En este año me invitaron a escribir un artículo del libro que editan con motivo del acontecimiento. Me propusieron que versara sobre una ruta para descubrir Extremadura que fuera una carretera, por motivos obvios. Algún tramo que pueda ser recorrido y tenga "algo" que pudiera suscitar interés para realizarlo.

La elección era difícil, pues tratándose de carreteras, estas están diseñadas para ser recorridas por vehículos, principalmente autopropulsados.

Dándole vueltas, me di cuenta que sí había una carretera, perdida en la memoria de los conductores que la transitaban asiduamente hace más de 20 años y que ahora prácticamente está en el olvido al realizarse una variante más rápida y cómoda. Además podía ser recorrida a pie o en bici, al haber desaparecido, casi en su totalidad, el tráfico que la transitaba.

Era la nacional N-V, entre los ríos Tajo y Almonte, la antigua carretera de Extremadura y su paso por el puerto de Miravete.

Ahora, la autovía A-5 que la sustituye, ya ni se llama "Autovía de Extremadura", sino el impersonal nombre del "Autovía del Suroeste".

Fijado el tema, me dispuse a visitarla y realizar unas fotos que, por supuesto, no pueden rivalizar con las de los blogueros el Encuentro, verdaderos maestros en el arte.

Las fotos que hice son las que acompañan al artículo y dado que el espíritu del mismo era melancólico, las pasé a sepia, para darle ese aire del pasado. Un toque personal. Todas son mías, excepto la de la revuelta del puerto de Miravete.

El recorrido puedes apreciarlo, en verde, en el siguiente mapa.


El artículo que escribí fue el siguiente:

“There are places I’ll remember
all my life, though some have changed.
Some forever not for better,
Some have gone and some remain”
In my life. The Beatles

Hay lugares que recordaré toda mi vida, aunque algunos hayan cambiado. Unos para siempre y no para mejor. Algunos se han perdido y algunos permanecen.

En nuestra vida quedan lugares en el recuerdo. Muchos de ellos son caminos y carreteras que un día transitamos y que ahora permanecen en la memoria, ya sea porque desaparecieron o porque nunca más volvimos a recorrerlos.

Carreteras que conectaban nuestros pueblos con las ciudades donde fueron vivir nuestros padres y nosotros con ellos, y que recorríamos periódicamente para visitar a familiares que quedaron atrás, las excursiones del autobús del colegio, esas sendas que recorrimos con nuestros amigos. Carreteras que además fueron cambiando con el tiempo o que la construcción de una nueva vía variante hizo que prácticamente se abandonaran.

En mi memoria siempre quedó la antigua carretera de Extremadura, en su tramo entre Almaraz y Jaraicejo. Tiene su origen en el “Camino Real de Extremadura” y no fue carretera propiamente dicha hasta finales del siglo XIX. Después mejorada por las actuaciones del Circuito Nacional de Firmes Especiales (años 20), Plan de Modernización (años 50) y Plan REDIA (años 70).

Esta carretera nacional, la N-V, que al construirse la autovía A-5 con un trazado totalmente diferente, con un túnel y dos grandes puentes, hizo desaparecer prácticamente el tráfico y, por tanto, la necesidad de recorrerla salvo por el placer de revisitarla. Pero afortunadamente quedó ahí sin modificaciones, como congelada en el tiempo.

Con un trazado ambicioso y una anchura de 12 m, con arcenes de 2,50 m, del Plan REDIA, es actualmente un itinerario de viejo asfalto de unos 30 km que son los que median entre el puente de Almaraz sobre el río Tajo y los puentes del Almonte, distancia que puede recorrerse a pie en una jornada con paradas en los lugares que relataremos y en un tiempo menor si vamos en bicicleta. Alrededor de la carretera podremos ir viendo los diferentes tramos abandonados.


El camino empezará en el magnífico puente de Almaraz, o de Albalat como también se le conoce. Construido a mediados del XVI, es uno de los grandes puentes mundiales, así reconocido por grandes ingenieros. De historia ajetreada, se le voló en 1809 un arco, consecuencia de la guerra de Independencia, simultánea en el tiempo con la voladura de otros arcos de puentes del Tajo como el de Alcántara, el del Cardenal y el del Conde de Miranda. Reconstruido 30 años después, fue paso obligado de la carretera de Extremadura hasta la construcción de la autovía a mediados de los años noventa del siglo pasado.


En la bajada desde Almaraz, cerca del puente, existía una casilla de peones camineros ya demolida en la actualidad. De las seis casillas que hubo en el tramo, todas fueron demolidas excepto una como veremos.

Iniciada la caminata bordeamos el embalse de Torrejón y nos encontraremos con el restaurante abandonado de la Playa de Extremadura, negocio que arruinado por la construcción de la autovía cerró en 1998. Tuvo su origen en la venta del Lugar Nuevo cuyos restos quedaron en el tramo abandonado al construirse el embalse de Torrejón en 1962.


Todos los negocios que crecieron dando servicio al tráfico de la carretera se abandonaron una vez desaparecido este. Constituyen el ejemplo perfecto que tan bien plasmara una película de dibujos animados de hace unos años, que describía las ciudades abandonadas por la conversión de la Ruta 66 americana en autopista interestatal.

A continuación pasamos por el puente del Arroyo Corrinches, que vino a sustituir al antiguo, que de vez en cuando asoma cuando las aguas del embalse lo permiten. Puente magnífico que si se quiere admirar en todo su esplendor será preciso adentrarse unos metros en la carretera de Romangordo. En lo alto del cerro a nuestras espaldas pueden verse los restos del fuerte de Napoleón, construido por los franceses en la guerra de Independencia, que dominaba un paso de barcas del Tajo.


Una vez pasado este puente, se puede observar a la derecha, asomando apenas los pretiles y el tablero el puente de la Carrera, por el que discurrían trazados antiguos de la carretera de Madrid. Debido a que el embalse de Torrejón varía muy poco su nivel, es raro poder ver este puente en su totalidad.

Otro restaurante, en este caso el Moya, aparece como ruinas en la margen derecha. De gran vitalidad cuando el tráfico discurría por la N-V, desapareció en las mismas circunstancias que el anterior. Era tal su trasiego que tenía preparado el acceso para que se realizara con seguridad.


Enfilando el camino hacia el puerto de Miravete, aparece a la derecha un antiguo puente, el de Giraldo. Para acceder a él deberemos desviarnos por el antiguo trazado. Esto nos permitirá una visita más sosegada sin tráfico. El puente antiguo, de fábrica de pizarras, está formado por tres arcos de medio punto de forma irregular.


Una vez rendida la visita al puente de Giraldo, nos preparamos a afrontar la parte más cansada del camino, la subida al puerto de Miravete. Sin embargo, antes de abordarla nos encontraremos con algo interesante.


En el cruce de Casas de Miravete podremos ver, además de las ruinas del negocio hostelero, una antigua casilla de peones camineros, todavía en pie pero imposible de visitar por ser privada y tener en ruina el tejado. Al pie la casilla discurre el trazado original del camino que podremos recorrer unos metros hacia el norte hasta encontrar la carretera actual.


Iniciada la subida del puerto nos encontramos uno de los lugares comunes de los antiguos viajeros de la carretera. La fuente. Parada casi obligatoria para refrescarse y descansar. Hoy en día, la fuente seca y abandonada no deja de ser una sombra de lo que fue.


La subida al puerto de Miravete fue mejorada en los años setenta con la construcción de una vía de vehículos lentos, lo cual hacía que se pudiera evitar el lento transitar de los grandes camiones. Las dos grandes revueltas de 180 grados eran los elementos característicos de la subida del puerto.

(Foto: J. M. López Caballero)
Una vez coronado el puerto, se afronta una zona de subidas y bajadas, antes de llegar a Jaraicejo. En primer lugar podremos ver a la izquierda, antes del cruce de Deleitosa, otro negocio hostelero. Hace tiempo que cambió su destino inicial, de dar servicio al usuario de la carretera en tránsito, por otro más discreto.

Cruzamos el Arroyo de la Vid, en el que podemos ver a la derecha dos puentes antiguos además del de la N-V. Tres puentes en total, remedo en pequeña escala del trío que luego veremos en el Almonte.

Para visitarlos tendremos que abandonar la carretera actual y tomar el trazado antiguo. El puente más antiguo aparece prácticamente anegado por el embalse del Cantaelgallo.


El puente del siglo XIX es un coqueto ejemplar de un único arco rebajado que todavía se mantiene en un buen estado de conservación.

Acercándonos al final del recorrido, bajando hacia el río Almonte, cruzaremos la localidad de Jaraicejo, en la que hubo una antigua casilla de peones camineros hoy ya demolida y cuyo lugar ocupa una moderna báscula.

La bajada al río Almonte se realiza por un trazado de grandes trincheras que ocultan la gran variedad de trazados previos a lo largo de la historia y restos de antiguos pretiles de obra de fábrica. La actual carretera N-V discurre por el puente del Plan de Modernización.


Recuerdo cuando pasaba por él en los años setenta, mi padre me comentaba que era el puente definitivo pues ese, señalando al antiguo, ya se había quedado insuficiente. Ahora visto con el paso del tiempo, me doy cuenta de cuánto se ha mejorado simplemente viendo el viaducto de la autovía en lontananza. Ahora, no me atrevería a decirle lo mismo a mi hijo.


El puente antiguo, construido en el XV y ampliado en el XVII, tiene prohibido el tráfico de vehículos pero es posible pasarlo a pie. Sin embargo fue el paso del tráfico rodado hasta los años cincuenta.

El río Almonte puede pasarse a pie por ambos puentes indistintamente. Una vez en la margen sur del río, el itinerario acaba. Hacia el sur, el antiguo trazado queda debajo del de la autovía y ya no es posible seguirlo.

Aquí acaba un viaje en el tiempo, en el que los veteranos podemos rememorar un viaje que hacíamos y los jóvenes conocer una parte de Extremadura que normalmente dan de lado al preferir ir por la autovía, que proporciona viajes más rápidos y más seguros.

Algunos lugares se perdieron, pero este afortunadamente permanece.

Por cierto, el libro que se publicó, en el que se recogen 38 rutas para descubrir Extremadura, es el siguiente:


Que podéis conseguir gratuitamente, hasta que se agote, mediante un escrito de solicitud a la Dirección General de Turismo de la Junta de Extremadura.

Parece ser que debido al éxito la edición en papel está próxima a agotarse. Para que nadie interesado pueda quedarse sin él, está disponible a descarga el pdf en este enlace. Espero que lo disfrutes. 

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